La geometría de la cubierta se organiza a partir de cuatro conoides que se desarrollan longitudinalmente, intercalados con superficies invertidas que introducen variaciones de escala y comportamiento. Este sistema responde a la coexistencia de dos tipos de usuarios —el peatón y las combis— y, en consecuencia, a dos dimensiones espaciales complementarias: mientras los conoides principales construyen la escala amplia necesaria para el movimiento y detención de los vehículos, las superficies invertidas acercan la cubierta al plano del uso cotidiano, estableciendo una relación más próxima con quien recorre y habita el espacio.
La estructura, resuelta mediante pares de mástiles vinculados por reticulados livianos, sostiene las linternas y establece el ritmo del conjunto a lo largo de las dársenas. Sobre el frente operativo, anclajes tipo bayoneta permiten que el puño de la membrana se despegue de la estructura principal, generando una separación que amplifica la sensación de liviandad, extiende la superficie protegida y posibilita alcanzar la altura requerida para el funcionamiento de las combis. En el borde opuesto, la cubierta se vincula de manera más directa a los apoyos fijos, completando su estabilidad y continuidad. Estas variaciones en el sistema de anclaje refuerzan la lectura de una única superficie tensada donde resolución técnica y expresión formal se integran.
En WAGG Arquitectura Textil el proyecto y su materialización fueron entendidos como instancias centrales para el desarrollo integral del sistema de cubierta. A partir del anteproyecto inicial, el trabajo avanzó mediante croquis exploratorios, modelado tridimensional, cálculo y dimensionado de componentes y la elaboración de la ingeniería de detalle, incorporando desde etapas tempranas el análisis de las condiciones de producción y montaje. Este enfoque permitió articular la definición formal, la resolución estructural y la estrategia constructiva, consolidando una visión continua entre concepción y obra.
La confección de la membrana en grandes paños, su posterior unión en obra y la planificación del izaje conjunto junto a los mástiles principales formaron parte de una misma secuencia operativa. Los elementos estructurales actuaron como pivotes de elevación, permitiendo que la cubierta adquiriera progresivamente su forma definitiva mientras se posicionaban sucesivamente apoyos y tensiones, con el acompañamiento de maniobras específicas en los bordes vinculados a los volúmenes de servicio.
En los puntos más elevados, las linternas se constituyen como piezas centrales de la operación morfológica. Su presencia no solo define la silueta del conjunto, sino que actúa como fuente de iluminación natural para la totalidad del ámbito cubierto, permitiendo que la luz ingrese cenitalmente y se difunda sobre los aproximadamente 2000m² del área protegida. Asociadas a la escala urbana del proyecto, las cuatro linternas aportan identidad y convierten la cubierta en una referencia reconocible.
Los conoides invertidos concentran el escurrimiento pluvial hacia puntos precisos, resolviendo el comportamiento hidráulico de la superficie y al mismo tiempo introduciendo inflexiones que aproximan la cubierta a la dimensión del usuario. Estas piezas intermedias articulan desempeño técnico y experiencia espacial, completando un sistema donde cada variación geométrica expresa simultáneamente una función y una escala.
Más que resolver un programa infraestructural, la cubierta introduce el lenguaje de la arquitectura textil en el paisaje urbano y transforma un espacio de transferencia en una experiencia espacial reconocible, donde precisión técnica y expresión material se articulan para dar forma a un nuevo ámbito público.
¡Una obra de arquitectura textil de primer nivel, que refuerza el compromiso de WAGG con la excelencia y el diseño de calidad!









